El combustible de los barcos se dispara un 76% y amenaza con encarecer el transporte de coches hacia Europa
El déficit de fuelóleo marítimo y la caída de las reservas elevan los costes de una cadena logística clave para la industria del automóvil
El fuerte encarecimiento del combustible utilizado por los grandes buques comienza a trasladar presión a una de las cadenas logísticas más importantes para la industria del automóvil. El precio del fuelóleo marítimo de muy bajo contenido en azufre (VLSFO) utilizado en Singapur ha aumentado alrededor de un 76% desde el inicio de la guerra con Irán, una subida que amenaza con elevar los costes del transporte de vehículos, baterías y componentes entre Asia y Europa.
La situación coincide con un deterioro de la disponibilidad de combustible para el transporte marítimo. El mercado mundial de fuelóleo se encamina hacia un déficit de aproximadamente 218.000 barriles diarios, frente a los apenas 6.000 barriles diarios registrados un año antes.
A esta situación se suma el descenso de las reservas. Los inventarios en algunos de los principales centros internacionales de abastecimiento, entre ellos Singapur, Ámsterdam-Róterdam-Amberes y Fujairah, se encuentran alrededor de un 30% por debajo de los niveles estacionales habituales.
El problema llega hasta los fabricantes de coches
El encarecimiento del combustible marítimo tiene consecuencias que van mucho más allá del propio sector naval. Una parte importante de los vehículos y componentes que llegan al mercado europeo recorre miles de kilómetros por mar.
El crecimiento de las importaciones procedentes de Asia hace que la industria europea sea especialmente sensible a cualquier incremento de los costes logísticos. Desde China y otros mercados asiáticos llegan a Europa vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, motores, componentes electrónicos y otros productos relacionados con la transición energética.
Un aumento del coste del combustible no implica que el precio final de un automóvil vaya a subir en la misma proporción. Sin embargo, sí puede aumentar el coste de transportar cada vehículo o componente y reducir los márgenes de fabricantes, operadores logísticos y distribuidores.
Las navieras pueden intentar trasladar parte de este incremento a sus clientes mediante recargos o tarifas de transporte más elevadas, introduciendo una nueva presión sobre las cadenas de suministro internacionales.
Los coches eléctricos chinos también afrontan una nueva presión
La situación resulta especialmente relevante para los fabricantes chinos que están aumentando su presencia en Europa.
El transporte marítimo forma parte esencial de su estrategia para exportar vehículos eléctricos hacia el mercado europeo. Un mayor coste logístico puede complicar una estructura de precios que ya está condicionada por los aranceles europeos, la competencia entre fabricantes y el coste de establecer redes comerciales y de distribución fuera de China.
El impacto también puede alcanzar a las baterías y a otros componentes necesarios para fabricar vehículos eléctricos, aumentando el coste de una cadena industrial que depende en buena medida del comercio internacional.
El transporte marítimo busca alternativas
El encarecimiento del fuelóleo vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de encontrar alternativas energéticas para el transporte marítimo.
La electrificación completa resulta todavía muy complicada para los grandes buques oceánicos debido a las enormes cantidades de energía necesarias para cubrir largas distancias. Sin embargo, el escenario es diferente en determinadas operaciones de corta distancia.
Ferris, remolcadores, embarcaciones portuarias y otras rutas relativamente cortas pueden tener mayores posibilidades de incorporar sistemas eléctricos o híbridos, especialmente cuando cuentan con infraestructura de recarga adecuada en los puertos.
El aumento del precio de los combustibles fósiles mejora, al menos desde el punto de vista económico, el atractivo de estas alternativas en aquellos segmentos donde técnicamente son viables.
Una nueva amenaza para las cadenas de suministro
El episodio vuelve a demostrar hasta qué punto el transporte marítimo condiciona los costes de la industria europea. La dependencia de las rutas entre Asia y Europa convierte cualquier alteración en el precio del combustible, la disponibilidad de buques o la capacidad portuaria en un factor que puede terminar afectando a fabricantes y consumidores.
Para el automóvil, el impacto llega en un momento especialmente sensible, con una transformación acelerada hacia el vehículo eléctrico y una creciente competencia internacional.
El reto ya no consiste únicamente en fabricar vehículos a precios competitivos. También resulta cada vez más importante cuánto cuesta moverlos desde las fábricas hasta los mercados donde serán vendidos.




