El impulso de los biocombustibles como alternativa al petróleo podría aumentar la presión sobre los mercados agrícolas y de fertilizantes. Según un análisis de Transport & Environment (T&E), el consumo mundial de biocombustibles podría crecer un 30 % este año y hasta un 70 % de aquí a 2030.
La organización advierte de que este aumento puede repercutir en los precios de los alimentos, especialmente en un momento en el que el aceite vegetal se encuentra en su nivel más alto desde 2022. El uso de materias primas como aceites vegetales, maíz o azúcar para producir combustible incrementa la competencia con su utilización para alimentación humana y animal.
Los fertilizantes, otro foco de presión
El problema también afecta a los fertilizantes. T&E señala que aproximadamente el 5 % de los fertilizantes mundiales ya se destina a cultivos utilizados para producir biocombustibles, pese a que estos representan alrededor del 4 % de los combustibles empleados en el transporte mundial.
Países como Estados Unidos, Indonesia y Tailandia están acelerando sus objetivos de biocombustibles, mientras que grandes productores como Brasil e Indonesia limitan algunas exportaciones agrícolas.
T&E advierte de que esta estrategia puede reducir la dependencia del petróleo, pero trasladar la vulnerabilidad a otros mercados, como los de alimentos, cultivos agrícolas y fertilizantes.
Bosco Serrano Valverde, responsable de combustibles sostenibles de T&E España, considera que aumentar el uso de cultivos alimentarios para producir combustible puede presionar los precios de los alimentos y favorecer la deforestación. La organización apuesta por acelerar alternativas como la electrificación del transporte.




